Me llamo Abel Kahler, soy un espía alemán al que le han
asignado una misión de vigilancia en el barco de Titanic, pues probablemente se
avecina una gran guerra y los británicos, entre otros, y su rey, Jorge V y
otros gobernantes poderosos como Herbert Henry Asquith, son una amenaza latente.
No solo para nosotros, sino también para los irlandeses, los que se encontraban
en gran tensión con Inglaterra por sus políticas, según ellos, represivas. No
sería raro que acabara con una revuelta en Irlanda.
Mis superiores, provenientes directamente de los mandatos
que Guillermo II (con el apoyo e interés del Imperio Austrohúngaro) impone, me
encomendaron esta tarea para evitar la catástrofe que, por ejemplo, estaban
pasando ahora en el Imperio Otomano, en lugares como Bósforo, los cuales están cerca
de su completa destrucción por las Guerras Balcánicas.
Antes de entrar y finalmente partir al esperado viaje hasta
América, puedo visualizar lo abarrotadas que están las calles, llenas de personas
de todas las clases saludando nostálgicamente a sus familiares o amigos, muchos
de ellos saludándolos por última vez, pues estaban emigrando a América pues la
situación económica en la bolsa de Nueva York podría proporcionar bienestar
económico a la gente y un buen trabajo, ya que en Europa dinero escaseaba. También
estaba abarrotado de coches, curiosamente, en su mayoría de la marca Ford.
Pasada ya la larga espera y tediosa lentitud para pasar los
tickets y documentos, ya me encontraba dentro. Era sinceramente espléndido. Un
barco como de los que no hay. Era un barco de la clase Olympic, de la naviera
White Star Line. Definitivamente gran competencia para la naviera Cunard Line,
con ejemplares como el Lusitania. Contaba con gigantescos motores de explosión
que se alimentaban con carbón.
En las zonas de clase alta, el barco estaba vestido de
arriba abajo con todo tipo de lujos, cuadros de pintores importantes, como ‘’Las
Señoritas de Avignon’’, un ejemplar expresionista de Picasso; nuevas
tecnologías como la telegrafía sin hilos, o incluso diversas ideologías, entre
ellas liberales, mas conservadoras, feministas, etc.
Además de eso, la gente que transportaba el Titanic no se
quedaba corta de pintoresca. Para empezar, la gran variabilidad de clases,
hacia cuanto menos curioso el paseo por el barco, y, por otro lado, me
aportaría mucha información importante para mi misión.
Por ese momento la gente, sin importar la esfera social en
la que se encontrara, parecía estar muy interesada por los cercanos J.J. O.O.
de Estocolmo que estaban por ser celebrados. Así que era un buen tema en el que
entablar conversación, ganar confianza, y finalmente adquirir información.
Mi viaje acaba de empezar, pero mi trabajo no tiene pausas,
así que debo comenzar a entablar relación con todos y ganarme su confianza. Más
tarde continuaré escribiendo sobre mi viaje.
P.D.: Espero que no haya ningún problema con el rumbo del
barco, me han dicho que es normal encontrarse icebergs. Seguro que no pasa nada…

No hay comentarios:
Publicar un comentario